Este posteo iba a llamarse de otra manera pero cuando me llegó el número de este mes de la revista Cinemanía me di cuenta de que me habían robado. Bueno, robado lo que se dice robado no fue porque todavía no lo había sacado de mi mente. Sin embargo, suele sucederme esto. Pienso en algo, no lo pongo en práctica y al tiempo está en la calle pensado por otro y parece lindo. ¿Hubiera quedado igual si yo mismo lo hubiera hecho realidad? En fin, acá estoy escribiendo el posteo en el que había pensado la semana pasada pero obligándome a ponerle otro nombre porque el que había elegido ya fue utilizado por otros y en una nota sobre la previa del Bafici. ¿Y si lo uso de nuevo? ¿Alguien se dará cuenta? Ya fue. Acá está (estoy): “ayudándote” a elegir tu propia aventura.
En el Bafici, este año, hay más de trescientas películas. Largometrajes y cortometrajes. Documentales y ficciones (¿acaso el documental no tiene también algo de ficción?). Dramas y comedias. Y géneros entremezclados. Imposible de abarcarlo todo ni siquiera para quien tenga que armar la grilla de programación. Pienso en JPF pegando y despegando papelitos con los títulos y los horarios y las sedes. Y la verdad, me dan muchas más ganas de ir a ver cine sabiendo que hay gente detrás de todo esto: verdaderos malabaristas cinematográficos.
Pero, de este lado, del lado de los cinéfilos, se comienza a sentir el calorcito del Bafici. Ese que muchos critican no queriéndose acercar ni a diez kilómetros del Abasto. A mí el ambiente me gusta, me hace sentir como en casa y siempre me (re)encuentro con mi vieja gente querida del Cievyc, de El Amante y de esos rinconcitos por donde me llevó la vida.
De repente me detengo. ¿No era que iba a hablar acerca de los métodos para elegir buenas películas en un festival? A mi propia grilla la vengo armando desde hace seis días, cuando comenzó la venta de entradas (la previa del décimo Bafici). Pero siempre quedan películas afuera, las que tengo que dejar a cambio de un poco de vida más allá de las paredes del Abasto.
Entonces, ¿cómo elegir una buena película en el Bafici? ¿Qué tengo que tener en cuenta a la hora de acercarme a las boleterías? ¿Cómo hago para seleccionar entre más de trescientos títulos si a primera vista todos suenan parecidos? La verdad, amigos, es que no hay un método cien por ciento efectivo y, ahora que lo pienso mejor, eso es lo interesante de los festivales: dejarse llevar por el azar para terminar cayendo en mundos tan distintos (y tan parecidos) al nuestro.
Así, tomo entre mis manos mi primera grilla de programación (seguramente al terminar el Bafici tenga una docena de ellas con diferentes marcaciones) y empiezo a subrayar de amarillo fosforescente las películas que quiero ver hace un tiempo, las nuevas películas de viejos directores, algo de cine argentino, aquellas películas que me llaman la atención desde las fotografías del catálogo, las que recomiendan los críticos amigos, y los amigos de los críticos, etcétera, etcétera. Eso sí, nunca me dejo llevar por los títulos. Excepto que una película se llame Linda, Linda, Linda.
Quedan algo así como cuarenta y ocho horas para que comience el décimo Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Los críticos siguen dando sus recomendaciones (si tienen un tiempito extra hojeen los links de mis favoritos), las películas continúan agotándose y el espíritu Baficiano empieza a teñir la ciudad con los colores del cine. Colores que, desde el Bafici, se observan cada vez más diversos, más vivos, más intensos. Mañana compraré mis últimas entradas, dejando siempre un espacio entre las películas para el café con masitas y ese (re)encuentro con amigos que estoy esperando. El Bafici es una (buena) excusa para poder mirar la vida de otra manera. Como les dije anteriormente: disfruten, vean buen cine y déjense llevar. Ah, y si se llegan a quedar dormidos en alguna película no ronquen, ya saben como pueden ponerse los cinéfilos con el ruido en la sala. ¡Buen apetito!